La Resurrección es de hecho, un mito. Mito para la razón, ya que hasta hoy, nadie considera la experiencia de la fe como algo "racionalmente demostrable" puesto que desde el siglo XIX hemos erigido un paradigma de ciencia como el que dirime y decide el sentido de la realidad. Desde esta perspectiva, qué duda cabe, el que un hombre se atribuya una naturaleza divina y que además se le adjudique haber resucitado, es algo que sólo de pensarse, se encuentra descalificado.
No voy a intentar en este post encontrarle racionalidad a este asunto. Hoy solo voy a invitar a los que duden de esto que es un "factum" para nosotros los cristianos, que me otorguen el beneficio de la duda y que puedan pensar que miles de personas totalmente racionales como yo -y muchísimos con mayor calificación- han creído y creen en este "factum" o "mito". A los escepticos y cínicos les digo que...muchas razones deben existir y de hecho, existen.
Y es que la resurrección no es sino la punta del iceberg de nuestra fe. Su sola mención es el "gong" que remece una estructura que la sostiene y que tiene que ver con toda la historia de Jesús y del pueblo hebreo. En efecto, ese Dios judío que aparece por partes violento y extraño, debe ser interpretado -antes que tomado literalmente- desde la lectura de la vida de Cristo. Ejercicio que desafortunadamente, muchos intelectuales y académicos de renombre tienen la pereza de hacer (aunque contrariamente ataquen y despotriquen con soberbia libertad: la epistemología teológica es la única que es atacada a mansalva por turbas de argumentos ignorantes simplemente porque está deslegitimada por los sistemas religiosos que se erigieron alrededor de la fe que les dio inicio, pero ese es otro asunto).
Los cristianos creemos que Dios ha querido compartir la Encarnación con nosotros, hasta el extremo. Todo para indicarnos que la vida recibida -específicamente la vida humana consciente- es fundamentalmente eterna. Es este mismo Dios, producto de su osadía de lanzarse a comunicarnos esa verdad, quien tuvo que enfrentar las aberraciones de la ignorancia que, entrelazada con sistemas de poder decidió asesinarlo. Dios murió a manos de sus criaturas.
Pero claro, al fin y al cabo, era Dios. En consecuencia, Dios se sobrepone a esa muerte y com ello nos abrió las puertas, a todos los humanos, a una resurrección, señalándonos la "corporalidad gloriosa" que nos espera a muchos después de esta vida terrena.
Pero la cosa no queda allí, pues por este "factum", Cristo, el Dios encarnado y luego resucitado, nos otorga la inmensa fe en una vida que adquiere el sentido de "trazo", "signo", camino de acción. Es lo que llamamos "Reino". Todos aquellos que fueron testigo de la resurrección, entendieron y sintieron que no podían quedarse paralizados: la Resurrección inscribe en el humano una decisión por una vida con sentido. La vida del "más allá" no es independiente de esta, la terrena. No puede haber compromiso con una vida eterna si no nos ponemos en camino a ella desde la lógica por la cual entendemos el todo de la vida divino, que es el amor.
La vida eterna cristiana, la de verdad, no es la mera prolongación de esta vida. Es la convicción de que el sentido último de la existencia es el amor. Pero no el amor condescendiente, sentimentalón o meramente emotivo. La conciencia de que el amor lo es todo nos lleva de inmediato a compromisos morales, éticos, cuando constatamos que el mundo en el que vivimos no guarda correlación, armonía, con ese amor.
Por lo tanto: conciencia de Resurrección y compromiso para con la realidad, van de la mano. Quien celebra entender la radical verdad que viene con el Resucitado, sabe que al decir "Feliz Pascua" está sellando una manera de estar en la vida que implica la búsqueda de mayor coherencia en el mundo. Más allá de lo que sus amigos, familiares o colegas puedan aceptar o entender. Allí es cuando se entiende aquellas palabras de Jesús según el evangelio de Mateo: "No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él". La Resurrección es el evento más radical y el que hace nacer la fe en una vida que adquiere sentido por el impulso que nos da a sentirnos parte fundamental en la gestión y construcción de un mundo más justo. Quizá el Reino es el mundo humano del futuro. Esa utopía de la que hablan tantos, no está a la vuelta de la esquina, pero si es que creemos que tarde o temprano llegará, quizá el modo en que vivamos cambie sustancialmente. Muchos, muchísimos lo han creído y lo seguimos creyendo. La Pascua de la Resurrección nos recuerda (sea como mito para los escépticos o "factum" para los creyentes) que en lo más profundo de nuestra identidad humana, la fe es lo que nos da sentido y que sin ella, no hay gozo ni paz verdaderos. Feliz Pascua de Resurrección!